
Los niños, poderosos consumidores
El marketing de alimentos pensados para los niños está atravesando, al
menos en Estados Unidos, por un momento de apogeo. Las madres, que por lo
general siempre han sido las encargadas de dar la orden a los niños de no jugar
con la comida, ahora parecen haber bajado un poco la guardia. Muchos lo explican
diciendo que hay muchas otras cosas más peligrosas alrededor de la vida de niños
y jóvenes que merecen más preocupación que la calidad de lo que comen; del otro
lado del panorama, los anunciantes llegan con todo tipo de tentaciones.
Si bien no es ninguna novedad ver que los alimentos para niños vengan en
variedad de formas, tamaños, sabores y colores, lo nuevo es el ingrediente de "interactividad"
también en lo que se come y se bebe. Los marketineros quieren aprovechar la
pasión juvenil por los videojuegos interactivos y ya han comenzado en Estados
Unidos a llenar las góndolas de los supermercados con comidas y bebidas que se "convierten"
en otra cosa.
Una gaseosa (SqueezIt, de General Mills) que cambia el color, al añadírsele un
líquido, o de sabor, al echarle una tableta. Un helado (Tongue Splasher, de
Unilever) que viene en forma de boca, lengua y cuello. Su mayor atractivo parece
ser una bolita de chicle escondida dentro de la lengua que "pinta" los labios de
los niños de colores estrafalarios.
Kellog' s acaba de sacar unas tortitas espolvoreadas con una decoración que
adopta distintas tonalidades si las ponen a tostar.
Los expertos en marketing para niños creen que se están abriendo las
compuertas para el marketing de productos para niños al mismo tiempo que crece
el respeto por este sector de consumidores. "A medida que los niños asumen mayor
poder como consumidores, se convierten en blanco de un marketing mucho más
dirigido. Los niños entre 7 y 12 años representan US$ 8.900 millones del gasto
anual, según los resultados del Global Kids Study de Just Kid Inc.
Y no sólo los niños pequeños han adquirido poder de compra. Los adolescentes
también se están volviendo una fuerza poderosa en el supermercado. Julie Klyce,
editora de la newsletter Selling To Kids, citó recientemente una cifra según la
cual los adolescentes representan US$ 58.000 millones en compra de productos de
almacén.
Al conocer todos estos datos, entonces, las empresas que fabrican productos
alimenticios se disputan, por ejemplo, el dinero que los niños y adolescentes
destinan al almuerzo en la escuela o el colegio. Y para ganar en esa contienda,
apelan a la innovación y la originalidad.
"El marketing para los niños se vuelve cada vez más sofisticado, dice Julie
Halpin, CEO de Gepetto Group, Nueva York, especialistas en marketing infantil.
"Hay muchas marcas y muchas categorías de productos compitiendo por una porción
de la mente del niño; por eso la necesidad de creatividad es más grande. Hace
diez años, a la niñez le vendíamos sólo cereales y galletitas; hoy compiten
también los bancos, las computadoras y el software".
También están los componentes psicológicos. Denise Fedewa,
vicepresidenta de planeamiento de Leo Burnett USA, Chicago -agencia que tiene
entre sus clientes a Kellog Co. y McDonald's- dice que las madres ahora permiten
a sus hijos comer cosas que antes les habrían prohibido. "Las mamás han aflojado
los controles nutricionales en un esfuerzo por evitar que sus hijos caigan presa
de desórdenes alimentarios, tan frecuentes en esta época. Ahora creen que hay
tantas batallas que librar en tantos frentes que pelear por la comida no vale la
pena".
Johann Wachs, vicepresidente de planeamiento estratégico de la unidad infantil
de Saatchi & Saatchi, Nueva York, cree que "la comida ha estado siempre tan
cargada de leyes, reglamentos y cánones de conducta que cada vez que se produce
una ruptura de la rutina alimentaria, los niños adquieren poder de decisión. Si
los marketineros les ofrecen algo con lo que además de alimentarse pueden
entretenerse o divertirse, se ganarán sus preferencias".